Astérix y Obélix, cuando historia y humor cruzan sus caminos

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Astérix y Obélix componen uno de los tándems más populares del mundo del cómic, y muchos de nosotros aún recordamos infinidad de frases y gags que todavía hoy arrancan una sonrisa. Desde luego uno de esos tebeos inmortales que no olvidaremos, pero ¿cuál es el secreto de su éxito?

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Debió de ser una mañana de octubre de 1959 cuando René Goscinny y Albert Uderzo publicaron Astérix el Galo, una serie de cómics que narraba la resistencia de una aldea gala frente a las acometidas de los romanos. Nada podía prever que unas pocas viñetas acabarían desembocando en una franquicia con cientos de adaptaciones al cine y la televisión a sus espaldas, además de incontables spin-offs, reboots, etc.

Astérix, y su inseparable compañero Obélix, se han convertido en los guerreros más queridos de la Galia, en parte gracias a la ingeniosa pluma de René Goscinny, que supo conjugar como ningún otro la historia clásica y el humor más jocoso. Aunque Astérix el Galo ofrece otras muchas virtudes, quizá sea esta una de las más notables.

Anacronías, arquetipos y otros disparates

Si bien el marco temporal aparece bien definido —año 50 antes de Cristo—, sorprende la cantidad de personajes, añadidos y costumbres, tanto anteriores como posteriores, que conviven con nuestros protagonistas. Las anacronías están a la orden del día, y algunas de ellas son el pilar maestro del humor de Astérix y Obélix.

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Desde la inclusión de elementos imposibles, como las patatas fritas, los Beatles o los menhires, hasta los préstamos culturales más alocados, como las modas o la música flamenca. En los últimos años incluso las multinacionales de fast-food, como McDonald’s, se han convertido en objeto de burla. Y es que nada puede librarse de la socarronería de estos galos.

También los arquetipos son recurrentes en Astérix y Obélix. Podemos encontrar a los siempre disciplinados romanos, a los godos como un pueblo muy militarizado o la refinada educación de los ingleses. Los personajes, fuertemente caricaturizados, a menudo responden a celebridades del momento (Sean Connery o Schwarzenagger, por ejemplo) o reproducen figuras históricas, como Cesar y Cleopatra.

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Los juegos de palabras, por otra parte, no son menos habituales. Las frases del estilo: ‘La brisa será marina, pero los estamos haciendo harina, Obélix!’ son moneda corriente en los diálogos, como también los gentilicios más desternillantes: los Grossebaf o Normandos (grosse baffe, ‘gran bofetón’) o los Babaorum o Romanos (Baba au rhum, ‘pastel borracho al ron’).

¡Están locos estos romanos!

Cerca de medio siglo descansa sobre las criaturas de Goscinny y Uderzo, sin que Astérix y Obélix hayan perdido el gancho de los primeros años. Los gags se renuevan, los argumentos se actualizan, pero la magia de estos personajes continúa igual que siempre.

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Las mallas rayadas de Obélix o los bigotes rubios de Astérix han marcado a toda una generación, por lo que no es extraño que los más pequeños (y los no tan pequeños) disfruten de lo lindo encarnando a estos galos en Carnaval u otras fiestas similares. Y es que el paso del tiempo no hace mella en nuestros personajes, que continúa ridiculizando a los romanos y enamorando al público de medio mundo.

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