17 datos insólitos de la Edad Media que te sorprenderán

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Hablar de la Edad Media es hablar de reyes, de sacerdotes y de caballeros andantes, sólidos pilares que sostuvieron a Europa durante más de un milenio. Un tiempo donde la guerra y la religión convulsionaron las sociedades del momento hasta extremos inimaginables. Diversas costumbres y expresiones actuales, además, encuentra sus orígenes en estos 17 datos insólitos del Medievo que te sorprenderán. Por ejemplo, ¿por qué decimos ‘poner los cuernos’?

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1 Como no podía ser de otra manera, la expresión castiza ‘poner los cuernos’ está lejos de ser una invención moderna. Fueron los señores feudales y su derecho de pernada quienes la acuñaron, al colocar una cornamenta de ciervo en la casa del marido mientras daban buena cuenta de sus privilegios.

2 Pero el adulterio no era cosa de risa. La justicia y la venganza rara vez se diferenciaban en asuntos maritales, e incluso algunos manuscritos del s. XV indultan aquellos crímenes «movidos por el dolor»…

3 La situación en los comedores y las cocinas era lamentable. Para la vajilla y la cubertería, por ejemplo, se empleaba el estaño, un metal que se oxida con facilidad. De manera que el envenenamiento y la narcolepsia no eran menos comunes que nuestros resfriados.

4 Las clases menos favorecidas, sin embargo, carecían de platos y cubiertos, y era costumbre disponer los alimentos sobre una hogaza de pan, que posteriormente se entregaba remojada en salsa a los pobres.

5 A la mesa, tanto los nobles como los campesinos destinaban una escudilla o similar para escupir las moscas con que tropezaban sus paladares. Una práctica rocambolesca, incentivada por la precariedad de la higiene personal.

6 ¡A la cocina con el muerto! Aunque parezca dantesco, los familiares depositaban al difunto sobre la mesa de la cocina, donde continuaban haciendo su vida cotidiana hasta pasados unos días. Era costumbre, además, poner velas en derredor del cuerpo. De ahí «velar a los muertos».

Malos olores y peores soluciones

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En contraposición a la pulcritud que imperaba en la sociedad romana, los hombres del medievo sostenían ideas extrañas sobre la higiene corporal, que tachaban de instrumento hedonista y propio de vanidosos. Por si fuera poco, lavarse demasiado a menudo era el principal causante de las enfermedades, o al menos así lo creían —y a pies juntillas, como veremos—. En consecuencia, durante la Edad Media…

7 Toda la familia solía tomar el baño en una misma tina, y por orden patriarcal. Esto es, primero el padre y los hijos mayores, y seguidamente las mujeres de la casa. Lo más insólito es la frecuencia de estos baños: ¡Una vez al año!

8 Los médicos de la época —que no tenían reparos en prescribir sanguijuelas para la obesidad— sostenían que el agua caliente, al abrir los poros de la piel, era el principal transmisor de las infecciones. Tal era el grado de acuafobia, que algunos realizaban su baño anual en seco, con una toalla húmeda.

9 Los Jardines de Versalles, esa maravilla rebosante de naturaleza y monumentalidad, llegó a recibir unos usos muy desafortunados. El palacio carecía de aseos, de modo que estos jardines se reconvertían en retretes durante las fiestas de la realeza.

10 El mal olor corporal era, por lo tanto, moneda corriente entre los hombrecillos medievales, que enmascaraban la suciedad recurriendo a mil chapuzas, como cambiarse de ropa con regularidad (una vez al mes) o abanicarse continuamente.

11 De hecho, el abanico perdió su identidad durante la Edad Media, llegando a usarse exclusivamente para apartar el tufillo que desprendían los pliegues del vestido.

12 El mes de mayo era el preferido para bañarse, además, motivo por el que las bodas se celebraban en junio, cuando los olores aún podía tolerarse o casi —no en vano el ramo de flores es una costumbre medieval…

Peste negra, pelirrojos y muertos no tan muertos

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13 No sorprende, en vista de lo anterior, que la peste negra encabece el ranking de epidemias más mortíferas de la historia. En menos de diez años (1346-1353) un tercio de la población continental desapareció de la faz de la Tierra.

14 Para los sabios del momento la ‘muerte negra’ se debía al aire, que se había vuelto demasiado rígido. Con el fin de distenderlo, se resolvió tañer las campanas de todas las iglesias y congregar a la población en la plaza para gritar y aplaudir…

15 Semejantes métodos no eran extraños. A los pelirrojos, por ejemplo, se les consideraba vástagos de brujos o íncubos, y muchos de ellos llegaron a ser entregados sistemáticamente a la hoguera. Para prevenir su aparición, se recomendaba evitar los orgasmos durante la menstruación.

16 En los cementerios la demanda era descomunal, y muchos sepultureros llegaron a vaciar ataúdes para dar lugar a los recién llegados. Gracias a esta práctica desesperada se descubrieron arañazos y otros indicios de la famosa catalepsia.

17 La catalepsia y la peste bubónica convivieron a lo largo del Medievo. Frente a las muchas imperfecciones del diagnóstico, los familiares ataban un cordel a la muñeca del difunto, de modo que hiciera sonar una campanilla si seguía con vida. De aquí procede la frase «salvado por la campana».

«Cargar con el muerto», «como Pedro por su casa» o «poner la mano en el fuego» también encuentran sus orígenes en este disparatado periodo de la humanidad, marcado por la necedad, la bajeza y la insensatez. 17 datos insólitos que nos ayudan entender el misterio de la Edad Media y las muchas rarezas de sus gentes.

Publicado en Curiosidades el por Miguel de Vega.

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