Los dragones más populares del cine

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Los dragones han alimentado la imaginación de los hombres desde el principio de los tiempos. En todas las mitologías aparece este ser alado, a veces como un destructor, a veces como un guardián protector; incluso algunas culturas todavía le conceden una importancia y devoción casi divinas. También en el cine y la literatura ocupa un lugar destacado, siendo uno de los antagonistas predilectos de las películas de fantasía épica, amén de uno de los grandes co-protagonistas del género infantil. Descubre los más aterradores —y entrañables— dragones del séptimo arte.

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Para encontrar a los primeros dragones hemos de remontarnos a los mitos helénicos y su Ladón, un monstruo de cien cabezas que custodia las manzanas doradas de las Herpérides. Yamata-no-Orochi es uno de los primeros representantes del Japón, armado con ocho amenazantes cabezas y la promesa de una muerte segura. Por otra parte, el dragón Azure es una suerte de Atenea para la ciudad de Kioto, y aún es objeto de veneración en el pueblo chino. Pero estos gigantes escamosos también han dejado una huella indeleble en las pantallas de cine.

Fuego, cenizas y espanto

Uno de los dragones más aterradores es Fafnir, el dragón por antonomasia de la mitología nórdica, que Robert Zemeckis lanzó al estrellato con Beowulf (‘Beowulf’, 2007). En este diabólico personaje ya encontramos algunos de los rasgos que serán moneda corriente entre los dragones: la codicia, el resentimiento y la sed de venganza para con los hombres, además de un tesoro incalculable bajo el vientre. Algo semejante descubrimos en Smaug, el terrible archienemigo que custodia las riquezas de la Montaña Solitaria en El Hobbit (‘The Hobbit’, 2012). La adaptación de Peter Jackson nos ofrece una vez más el lado más oscuro de estas criaturas.

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Tampoco las hordas de dragones de El Imperio del Fuego (‘Reign of Fire’, 2002) se muestran demasiado compasivas, calcinando las ciudades y persiguiendo a los pocos supervivientes que malviven en las ruinas del mundo. Rob Bowman introduce en este largometraje un enfoque riguroso, realista, que otorga solidez a una trama a veces inconsistente. Reyes, magos, emperatrices y caballeros andantes conviven en El dragón del lago de fuego (‘DragonSlayer’, 1981), una de las películas más emblemáticas del género, donde Vermithrax Pejorative siembra el terror entre los habitantes de un reino medieval.

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En la tercera entrega de El Señor de los Anillos (‘The Lord of the Rings’, 2001), los Nazgul aparecen montados sobre pálidos dragones, tan aterradores como sus jinetes. Tampoco el Eborsisk de Willow (‘Willow’, 1988) ofrece una estampa demasiado amistosa. No podemos olvidar a Maléfica y su habilidad para transformarse en un dragón púrpura. Desde luego uno de los grandes iconos de Disney.

Una chispa de gracia

Pero no todos los dragones son malvados. Saphira, la entrañable dragona de Eragon (‘Eragon’, 2006), es un buen ejemplo de ello. Esta criatura, tan inteligente como vanidosa, ostenta una piel de característico azul zafiro, y no vacilaría un instante en salvar a su jinete. También en Cómo entrenar a tu dragón (‘How To Train Your Dragon’, 2010) descubrimos a otro amistoso compañero, Furia Nocturna, una bestia oscura que acabará trabando amistad con su mayor enemigo.

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Dragonheart (‘Dragonheart’, 1996) nos presenta a Draco, un personaje cambiante, difícilmente clasificable en los primeros compases del film, en el que llegamos a reconocer cualidades tan elevadas como la nobleza y la compasión, además de una lengua locuaz que rivalizaría con el mismo Cicerón. En este sentido, el apacible Fújur de La historia interminable (‘Die unendliche Geschichte’, 1979) o el Mushu de Mulán (‘Mulan’, 1998) también pertenecen a este segmento de bestias parlanchinas.

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Los dragones de la saga Harry Potter, por el contrario, no abren la boca más que para escupir fuego, aunque son igual de bondadosos, como vemos en Norberto o en el cautivo Ironbelly ucraniano. Desde luego hay dragones para todos los gustos, de todos los colores, tamaños y formas. ¿Con cuál te quedas?

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