Carnaval de Venecia, una de las fiestas de disfraces más encantadoras

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En la región del Véneto se encuentra una de las ciudades más bellas y hechizantes del continente europeo, poseedora a su vez del carnaval más elegante, aristocrático y veterano de cuantos se celebran en el mundo. Hablamos del Carnaval de Venecia, una festividad donde las máscaras, los desfiles y los incomparables paisajes venecianos configuran un evento inigualable que merece la pena conocer.

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Entre finales de enero y principios de febrero las calles, las plazas y los canales de Venecia se vestirán de fiesta para recibir a Pierrot, al Arlequín, al Escribano, a la Colombina y a un largo etcétera de personajes típicos que protagonizan el carnaval. Aunque esta ciudad del noroeste de Italia está llena de reclamos turísticos, el carnaval es el único capaz de atraer a 3 millones de turistas de todos los rincones.

A lo largo de diecisiete días los participantes desfilarán envueltos en trajes del siglo XVII-XVIII, portando un amplísimo catálogo de máscaras donde las maschera nobile ocupa un lugar destacado. Menos populares aunque igual de recurrentes son las Dominó, Espectro, La Morenita o La Bauta, algunas de ellas fieles representaciones de personajes de época como el Dottore Peste, la Cortesana o el mencionado Arlequín.

Máscaras en la historia veneciana

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Declarada festividad pública en 1296, este carnaval encuentra en fechas mucho más remotas sus primeros testimonios. Sería en el siglo XI cuando tuvieron lugar los ensayos iniciales, protagonizados tanto por nobles como plebeyos, por amos y siervos confundidos en el más absoluto anonimato de las máscaras.

El desenfreno y libertinaje que caracterizaron los primeros siglos del Carnaval de Venecia lo convierten en una clara prolongación de las fiestas bacanales y saturnales de la época romana. Tales eran los excesos, que la Serenísima República tuvo que promulgar una serie de leyes para evitar el caos en la ciudad de los canales.

Así, en 1458 se prohibió a los hombres acceder a los monasterios disfrazados de mujeres, y en 1703 se hizo lo propio con las máscaras en los salones de juego, para evitar que los morosos escaparan de sus acreedores. En el siglo XVIII reconocemos el momento de máximo esplendor, cuando los aristócratas de todas las naciones se desplazaban hasta Italia para disfrutar expresamente del programa carnavalesco.

Como tantos otros carnavales, el de Venecia no estuvo exento de altibajos. Hacia 1793, las victorias napoleónicas pusieron punto y final a esta celebración, cuya censura se extendió durante siglos de la mano de los austriacos. Afortunadamente, los propios venecianos la recuperaron en 1979, aunque el desenfreno y las trapisondas que eran moneda corriente en el pasado han dejado su lugar a unos desfiles y rituales de espíritu más moderado.

Disfraces para la ocasión

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Con el llamado ‘Vuelo del Ángel’ (Ilvolodell’Angelo) darán comienzo los desfiles, los bailes de máscaras y otros espectáculos que pondrán en movimiento los numerosos disfraces de carnaval ‘sacados’ del 1750, donde las caretas blancas y doradas y las telas de seda más extravagantes configuran una estampa admirable. Finalmente el tradicional Svolo de León sobre la Plaza San Marco clausurará la festividad por todo lo alto —nunca más justa la frase—, con una descomunal bandera veneciana cruzando los cielos para sorpresa de todos los presentes.

Con cerca de un milenio de historia a sus espaldas, el Carnaval de Venecia no tiene nada que envidiar a los ritmos caribeños de Notting Hill o a las monumentales carrozas de Rio de Janeiro, siendo uno de esos raros espectáculos que siempre deja un regusto agradable.

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